
El profesor homosexual de "Little Miss Sunshine" es para mí un referente. Un modelo. No sé a que viene, pero es así.
Da gustito, mucho. Se siente un enorme placer cuando tus convicciones se ven reafirmadas. Durante años la gente me ha dicho que es un rasgo de inmadurez pensar que en el mundo existen dos bandos, un síntoma de simpleza. Tantísimas veces me han hecho plantearme si estaría estoy loco, si no sería capaz de ver las cosas desde la perspectiva de la de la cabalidad. Me han llamado poco objetivo, radical, idiota, me han arrojado a la cara sus “ya madurarás”, sus "eres un paranoico". Hablan riéndose de teorías de la conspiración, de fobias, de falta de rigor.
Idiota. Soy idiota.
Casi. Por un momento, he estado a punto de creerme todas las gilipolleces que me dicen a diario. Se mofan cuando opinas y te hacen creer que debes moderarte, que algo o alguien te ha “comido el coco”.
Incluso, siendo sincero conmigo mismo, hacía tiempo que no escuchaba el discursito. Y es que, un poco, me daba vergüenza defender mis creencias en un mundo de "adultos". En una sociedad civilizada, que "es laúnica forma de que el mundo funcione, o por lo menos la mejor" -estoy seguro de que en los telediarios de cualquier país del planeta sea cual sea su forma de gobierno repiten el mismo slogan. De hecho, probablemente esa sencilla forma ha sido la que se ha empleado desde el principio de los tiempos para salvaguardar el "orden"-. Borregos.
“El que pienso soy yo, imbéciles!, a vosotros es a los que os ha reblandecido la neurona tanto telediario de Antena 3”, me entran ganas de gritar por la ventana, después de una sonora carcajada en plan Pierre Nodoyuna –no confundir con Patán que no era tan malvado, tenía la propiedad de que cada vez que se reía yo me descojonaba-.
Volví a casa satisfecho, sabiendo de qué lado estoy y teniendo claro de cuál tengo que estar. Porque como dijo en su día Kevin Spacey, acerca de un tal Keyser Soze: “El mayor triunfo del diablo es haberle hecho creer al mundo que no existe”. Por cierto, si queréis tener un poco más claro que los vigilantes deberían ser vigilados. O que a los retrasados mentales no se les debería permitir llevar pistola y ser los responsables de ejecutar la función coercitiva estatal, leed el sitito al que yo he llegado casualmente.
Lo primero que sufrí cuando escudriñé uniendo letras fue un repentino ataque de risa. Después me acordé de las Des+karadas, que los llaman por su nombre.
Que se fie el que quiera, a mí no me la cuelan. Adiós.


